TODOS SOMOS UNO.

Debemos vivir en amor y armonía con todos y con el universo.

Lo que das es lo que recibes, lo que siembras es lo que cosechas.

Que en nuestro corazón solo vibre la energía del amor incondicional por todos y cada uno de los seres vivos y el planeta, viviendo en unidad para bien de todos, para un mundo más justo y feliz.

La naturaleza nos enseña, no obstante no nos percatamos de las lecciones que podemos aprovechar.

Siempre podemos aprender hasta del ser más humilde, todos nos podemos enseñar mútuamente. Mantener intacta nuestra capacidad de sorprendernos cada día, no tomarnos tan en serio, no darnos tanta importancia, porque nada es para siempre, todo pasa... todo pasa. Cada día es un regalo de vida.

La unión hace la fuerza. solos somos destruidos, unidos somos invencibles.

Aceptar a los demás como son y amarlos sin condiciones es tarea difícil, porque siempre queremos condicionar el amor para hacerlo merecedor del nuestro, esa es la lección a asimilar.


El amor, el perdón, los sentimientos nobles y puros que das al otro, tú mismo te los das. Es necesario conceder y tratar al otro como queremos ser tratados.


El acto de perdonar incluye olvidar la ofensa, mientras no se de esto, no ha habido perdón.


El verdadero amor no tiene límites ni condiciones, une quien ama, perdona quien olvida los agravios.


Que cada día sea una ocasión para mejorar, para crecer como seres humanos dando todo el amor de nuestro corazón.


Todos somos imperfectos porque somos humanos, y esa imperfección es parte de la perfección.


Es necesario disculparse cuando con nuestras palabras o actos, se lastiman sentimientos y sensibilidades de los demás.


Volver a empezar, llenar nuestro interior de amor, sanar las heridas que quedaron como secuela de todo lo anterior, volver a ser amigos, tratar de vivir en paz respetando los deberes y derechos de los demás, porque los míos terminan donde empiezan los de mi prójimo.


Que nuestro corazón se abra al perdón y al amor, que seamos capaz de olvidar las ofensas recibidas, y resarcir a quien haya sido ultrajado. Reconocer nuestros errores y enmendarlos es lo que nos dignifica.


Que nuestro corazón se llene de amor, porque todos somos parte del todo, somos uno con el universo. Uno con Dios.


Que nuestros buenos sentimientos prevalezcan ante cualquier evento o circunstancia.


Todos somos amor, dejemos que este amor inconmensurable se manifieste en cada uno, nos llene y expanda, y nos cobije con su manto sagrado.


Que Dios esté con nosotros. Amén.
Autora:
Lucía Uozumi
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