EL REGALO DEL AMOR




Hablamos de aprender a amar incondicionalmente, ¿pero en realidad sabemos hacerlo? ¿Dejáremos de amar a nuestros hijos porque no corresponden en igual medida a nuestro amor, ni satisfacen nuestras expectativas? ¿A nuestros amigos les exigimos que nos quieran como nosotros los queremos?
En cuestión de relaciones hay tanto que hablar y tanto que decir, dependiendo de cada experiencia, forma de contemplar y vivir el amor desde la perspectiva personal. Lo que si es verdad es que el no ser correspondidos como quisiéramos, causa un gran dolor. Que el sentimiento de abandono en ese proceso de dejar ir, es inmenso. Cuando nuestros sentimientos no son tomados en cuenta por ese ser que decía amarnos, se abren heridas que cuesta muchísimo cerrar, pero en las cuestiones del corazón no podemos obligar a nadie a sentir en igual medida que nosotros, o que ame como nosotros, porque cada cual tiene su forma particular y capacidad de amar.
¿Cuándo es dignidad, cuándo es ego,cuándo es amor propio? Si no nos pueden amar como amamos, debemos estar felices por descubrir en nosotros esa gran capacidad de amar, porque pudimos sentir amor y ese amor nos transformó, nos hizo mejores seres humanos, afloró un sin fin de talentos que teníamos y que descubrimos a través de esa capacidad inmensa que tenemos, dejando que el amor fluyera como torrente en nosotros.
No deberíamos decir no al amor por el temor a sufrir una decepción, amar con todas las fuerzas, una y otra vez, aunque la persona amada no corresponda a nuestro amor. Es problema del otro su incapacidad de amar. El sentir amor desde lo profundo del ser nos transforma, El sufrimiento que conlleva ese dejar ir también es aleccionador.
Dejar ir cuando no se es correspondido es un proceso difícil y doloroso que tenemos que asimilar. Cada cual debe vivir sus propias experiencias que serán adecuadas a su tiempo y a su proceso personal. El que tenga miedo a sufrir por no ser correspondido, hará muy bien en cerrar su corazón tras doce mil llaves, pero se perderá la increíble bendición de hacer vibrar su corazón y hacer que su vida tenga sentido.
El amor es transformador y todos necesitamos de él. Nos llena de vida, nos imbuye fuerzas para luchar y afrontar cualquier situación por adversa que sea. El amor obra milagros y potencia lo mejor de nosotros.
Dejemos que el amor nos invada. Amemos sin esperar compensación. Demostremos nuestro afecto sincero.
El sendero del amor, es largo y sinuoso, donde hay mucho que aprender, donde no rendirse y seguir amando es la premisa. Amar, amar, amar y amar hasta convertirse en solo amor ...
Todos tenemos que recorrer esas difíciles sendas para llegar a entender y a sentir el amor incondicional.
Es un proceso y como todo, lleva su tiempo, pero ése es el objetivo. Ser solo amor, convertirnos en amor y desde ahí, amar incondicionalmente. Árdua tarea, pero no imposible de alcanzar. Cuándo amemos sin esperar, buscando el bien del otro antes que el propio, habremos alcanzado la meta.

Autora:
Lucía Uozumi
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