RAZONES PARA NO CLAUDICAR.




En el transcurso de nuestra vida nos enfrentamos a diferentes retos, algunas veces perdemos y otras acertamos.
El camino del éxito no es fácil. Cuando se inicia cualquier proyecto es natural cometer muchos errores, son parte del aprendizaje. Si no nos equivocáramos no nos percataríamos de la diferencia entre lo que es acertado y lo que no lo es, dónde están nuestros fallos, cuáles son nuestras fortalezas y cómo poder limar nuestras debilidades. Afrontar el fracaso es una lección más que debemos asimilar, lo importante es seguir adelante, intentarlo una y otra vez, aunque nos digan que no tenemos talento, que no somos aptos para ello, que haríamos mejor probando algo diferente.
Muchos de los más celebres, sobresalientes y talentosos personajes en todos los ámbitos de la ciencia, historia, música, entre otras, han sido rechazados en sus inicios, una y otra vez, pero ellos nunca se dieron por vencidos, siguieron creyendo en si mismos y en sus sueños, no claudicaron ante el rechazo, el fracaso y la adversidad.
Cuando nos sintamos perdidos, fracasados y frustrados, debemos recordar que no estamos solos, que a casi todos les ha pasado, que es parte del proceso, que es necesario seguir, creer en nuestros sueños y en nuestro potencial, redoblar nuestro esfuerzo e intentarlo una vez más.
Los fracasos son importantes para obligarnos a reconsiderar los objetivos, a exigirnos más, aprender de los errores, pero también para situar nuevamentelos pies sobre la tierra, para reducirnos el ego, saber que es normal ganar y perder, y ésto es parte de la evolución personal.
El esfuerzo y el trabajo árduo y constante rinden frutos, la práctica hace al maestro y cada día es momento propicio para empezar de nuevo. Solo escuchándonos y siguiendo nuestros propios designios podremos salir adelante. Lo que es bueno para los demás no necesariamente lo es, en nuestro caso particular. Escuchar nuestra propia sabiduría interior...
Ceer en nosotros y en nuestra capacidad hace la diferencia. No necesitamos buscar las respuestas en otro lugar distinto que en nuestro corazón, seguir nuestra propia voz, si nos equivocamos esa lección también era necesaria para nosotros.

Autora:
Lucía Uozumi
(Derechos Reservados)