FRENTE A LA TUMBA




El lugar estaba solitario, abandonado y descuidado y la maleza crecía por doquier.
Llegó muy temprano, casi al alba, con el rostro compungido, la mirada apagada, abundantes lágrimas rodaban por su rostro. Traía en sus manos un ramillete de flores que depositó con sumo  cuidado en florero que tenía para tal propósito, lo llenó con agua y procedió a quitar las hierbas que crecían en la tumba de su amado.
Estuvo largo rato hablando con él. 
Fuertes sollozos estremecían su cuerpo, cabizbaja lloraba desconsolada. Se evidenciaba que padecía una profunda pena.  Después sacó un sobre de su bolso y lo colocó con ternura debajo del florero.

Pasados 20 minutos se alejó por el mismo lugar por donde había llegado.

Yo, que estaba desde temprano y había presenciado la escena, no pude resistir la tentación de leer la carta que aquella hermosa y triste joven había dejado para él.

Me acerqué con sigilo, me sentí como un ladrón hurgando en la intimidad de los demás, acallé mi consciencia diciéndome que los muertos no pueden leer. 
Me acerqué, la abrí y empecé a leer.
Decía así:

Al hombre que algún día me amó.

Has sido el amor de mi vida, siempre presente en cada fibra de mi ser.
En cada pensamiento, en cada sueño, en cada ilusión, en cada despertar, en cada anochecer.

En las estrellas que miro desde mi ventana, en la luna que se asoma temerosa y en el sol de mi mañana. En el piar de los pajarillos que alegres cantan de madrugada cerca de mi balcón.

En el viento fresco que mece mis cabellos y acaricia mi piel, en la suave brisa de mar  que me acompaña, en el rugir de las olas, en el azul del mar, en el atardecer, en el ocaso que pinta las montañas azuladas desde la roca junto al mar donde me siento a pensar en ti.

En las aves marinas que cruzan el  firmamento y visten el cielo de bellos colores, de gozo y algarabía.

En la playa que te recuerda, en los paseos que compartimos. En las cabañas de la playa donde me siento a escribirte y a fantasear contigo.

En ese lugar mágico donde me sentí conectada con todo y contigo. Donde sentí un amor inmenso por ti, en el bosque hermoso y mágico, con el río cantarino y naturaleza exuberante, donde el paisaje es digno del más bello cuadro para conservar en la memoria del más diestro pintor.

En los rostros que veo pasar, en cada sonrisa te busco, en cada sueño, en cada historia, en cada cosa que hago, en todo momento.
En cada abrazo que deseo, en cada caricia que ansío, en cada beso que no llega, en mi soledad y en mi destino. 

Ese es el hombre que algún día me amó. El está y vive en mi corazón por siempre. 
El es el amor mío, de mi alma, mi sol, mi estrella, mi todo.

Gracias ángel mío por haber llegado a mi vida.
Por la oportunidad de reconocernos y reencontrarnos.
Por el amor que me brindaste, por ser sensible y amoroso.
Por protegerme y hacerme  madre nuestro hijo que la vida no permitió tener, pues los arrancó tan pronto de mis brazos.
Por todos los sueños compartidos, por vibrar conmigo, por amarme tanto, acompañarme  y permitir que yo te amara.
Por abrazarme y darme tu calor, por entender como nadie mi corazón enamorado.
Por nuestra cabaña en la playa junto al mar, con su chimenea, nuestras sábanas blancas, nuestras caricias, por la  dulzura, el amor y lo que has significado para mí.
Gracias amor mío. 

Espérame hoy, espérame ahora.  Cuando llegue, dame tu mano y hazme saber que he llegado a casa, a tus brazos, para estar  juntos eternamente. 
                                                                                                Alejandra.


AL terminar de leer, no sabía que hacer, las emociones me podían, corrí a la estación de policía y le di a leer la carta al oficial que me atendió, y le expresé mis temores.

Horas después, el cuerpo de una hermosa joven fue encontrado sin vida en una playa de aquella ciudad.
Autora:
Lucía Uozumi.
(Derechos Reservados)