La nieve de mi alma.



Fue entonces, cuando escuche la voz de Dios que me decía que era la única forma, que no había otra salida... como posesa empeñe cada una de mis fuerzas, y me embarque en ese viaje sin retorno. Aposté a todo o nada, ya no tenía nada que perder. 

Han pasado los años, ya no somos los mismos, tú seguiste sin mí y yo sin ti. Mis alas se esfumaron, mi voz  enmudeció y la nieve cubrió cada espacio de mí. 


Cómo por arte de magia el invierno dio paso a la primavera, las flores de mi alma renacieron y de nuevo volví a creer en mí, en la vida que brinda nuevas oportunidades, nuevos comienzos...

Hoy nuestros destinos no convergen, tú tomaste decisiones que no me incluyen y yo tomé las mías, donde no estás, donde somos completos desconocidos, cuando antes fuimos todo y nada, y la nada y todo al mismo tiempo.

Y llegó otro amor, otra ilusión... creí y me entregué con cada fibra de mí ser, para darme cuenta que ese amor, tenía miedo de ser el amor. Me volví a quebrar, por haber vuelto a confiar en alguien ajeno a mí. 

Qué difícil es  decir adiós y aceptar que esa persona es feliz sin nosotros, que no nos extraña, que no le importamos.

Dicen que cuando una  llora, no llora por alguien más que por una misma.