EL PODER DE LA DIOSA

El presente relato fue escrito para participar en el concurso:
 "Arma una historia con una imagen"
El poder de la Diosa


El ritual comenzó. Llegó  a lo alto, a la cima de la montaña. Ubicó su eje, y allí clavó con precisión la espada de color rosa que llevaba en su mano derecha. 

Desde ese punto trazó dos  círculos azules, concéntricos que abarcaron el universo.  Devolvió sus pasos y se sentó en el medio, con las piernas flexionadas y juntas,casi hasta tocar su rostro, que estaba inclinado hacía adelante. Sus cabellos le caían en desorden.

Cerró los ojos, con fervor llevó las manos hasta  su corazón, y entró a  su lugar sagrado, donde reside la paz de su espíritu, y es uno con Dios y con todo.

Con lentitud ceremoniosa, entonó una plegaría que repitió tres veces, e invocó a su yo divino: «Yo soy quien comprende la supremacía del principio eterno que gobierna el universo».

Despacio estiró los brazos a ambos lados de su cuerpo, y miró al frente.
Convocó los espíritus del universo y las fuerzas de la naturaleza, el poder del  agua, del fuego, del viento, de la tierra, y la quintaesencia de la vida.

Rayos y truenos retumbaron. Luz y oscuridad, frío y calor, sol, luna y  estrellas se hicieron presentes, reverenciando su presencia. El infinito se llenó de vivos colores y música angelical.

Destellos de luz fulgurante de encendidos violetas, índigos, azules, verdes, amarillos, naranjas y rojos  se desprendieron de su pecho, cubriendo la rueda celeste que puso el mundo en movimiento. En su frente el tercer ojo despertó, su energía femenina emergió y en Diosa se convirtió.

Se levantó con suavidad y con pasos sutiles y acompasados bailó en círculos la danza mística, mientras entonaba una canción: «Su padre es el sol, la madre es la luna, el viento lo lleva en su vientre, la nodriza es la tierra que da la vida. Separa la tierra del fuego, lo sutil de lo burdo, usa tu mente y sube de la tierra al cielo». Mientras así repetía,  una fina lluvia empezó a caer.

Un colibrí atravesó el firmamento, en su pico llevaba una rosa roja que  depositó en las manos de la Diosa.

La energía masculina se manifestó. Llegó con paso firme y su torso desnudo, se arrodilló  sobre la delicada hierba de primavera.  Juntó las  manos; con devoción se arrodilló, inclinó la cabeza en señal de respeto  y  dijo:

—Reconozco la diosa en ti, creadora y dadora de vida, acéptame como tu igual.

 Desde su altura, ella descendió varios escalones hasta quedar frente a frente, ambos se miraron. De su mirada emanaba el poder, el amor y la sabiduría que se desprendía  su alma.

―Solo cuando exista el equilibrio entre lo femenino y masculino se restablecerá la paz —dijo la Diosa.

Al instante, hombres y mujeres de todas las razas y credos se incorporaron a la ceremonia de iniciación. Se acercaron al altar, se tomaron de las manos, formando círculos y cerraron los ojos. La Diosa en el medio, él a su lado, los demás rodeándoles.

Un eco de voces, interrumpieron el silencio que la solemnidad del momento había provocado.

―«Me encuentro en mi centro, soy uno con Dios, soy uno con todo. Conectados con lo divino, reconozco el poder de la diosa que mora en ti, y en mí. La diosa madre, creadora».

Unieron sus manos, sus almas y sus espíritus, al contacto triángulos de luz se formaron y los abarcaron.  Se convirtieron en Dios, reconociendo su divinidad, presente en todo lo que existe y en todo lo que es.  La fuerza que emanaban de sí, controlaba y  establecía  el equilibrio  y la armonía del cosmos.

Autora:

Lucía Uozumi.
(Todos los derechos Reservados)

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EL PODER DE LA DIOSA - 
(c) - 
Lucía Uozumi 


Adiciono la simbología para que el relato se haga más comprensible y pueda ser apreciado en su verdadero significado y en lo que quiere transmitir.

El círculo: La materia, el cuerpo, la envoltura de todo ser viviente o inanimado contenido en el cosmos.

El eje, el centro, el punto medio: Nuestro ser interior, el Dios presente en nosotros. Nuestro yo superior. Dios.

La espada: En este caso en particular significa el uno, el punto central, el eje, Dios, nuestro interior, nuestro centro.  El eje del universo.

Número Diez formado al trazar desde el eje, o punto medio  círculos concéntricos: El cero es el universo y el eje central es el uno que es Dios. Cuando el cero y el uno se unen, cuando la energía femenina y masculina se unen es plenitud, es la manifestación de Dios.

Dos círculos concéntricos: La rueda Celeste que puso el mundo en movimiento, y el circulo interior; la rueda de la vida. También significa cualquier forma de vida que habita en el universo, y está contenida dentro de ese círculo que es la envoltura protectora.

Tercer ojo: El espíritu, el alma, el absoluto ilimitado. Todo lo que es.  Todo lo ve, todo lo sabe.

Vértice del cono: Corazón, centro, punto, eje desde donde se desprenden las vibraciones del corazón, ondas de frecuencias elevadas cuando más se aproxima al  violeta. 
Las longitudes de onda de las vibraciones luminosas forman frecuencias continuas que va desde la más grade que es roja en la periferia a violeta la mas corta y cerca de nuestro centro.  Forma una sucesión de espirales cónicas que van desde el violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo. Significa los colores de nuestros chakras.

El triangulo equilátero: Armonía perfecta que expresa concordancia con los tres principios: El intelecto, el corazón y la voluntad, alcanzando la divinidad que tiene tres atributos:
Poder, amor y sabiduría. (Atributos con los que se define la divinidad) verdadera trinidad.
Símbolo de la divinidad alcanzada al unir el principio femenino y masculino.

Tres: Número de la divinidad. 
Hexagráma: formado por dos triángulos equiláteros: Significan el principio o energía femenina y energía masculina que se unen formando uno solo.
El cielo y la Tierra:
Tierra: somos nosotros. 

Cielo: Nuestra divinidad. Dios.